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Rosca de plátanoHe de confesar que no me gusta cocinar…y creo que es porque nunca me ha gustado comer, aunque ahora empiezo a disfrutarlo.

Es una historia antigua pero ni mis hermanos ni yo disfrutábamos el comer, era un momento del día tedioso en el que nos teníamos que sentar a la mesa y engullir alguna comida que se nos ponía en el plato, comer era un proceso en el que debíamos tomar parte si queríamos sobrevivir y crecer.

Mi mamá nos ofrecía muchas veces ricos platillos pero nosotros siempre buscábamos el plato que tenía menos comida para salir rápidamente del paso.

Tenía una tía abuela que disfrutaba cocinar, ese era su gran placer y alegría, pero cocinaba porque ofrecía a todos sus cuñados, sobrinos y sobrinos nietos una variedad exquisita de platillos que salían de su diminuta cocina. Todos los sábados nos reuníamos en su mesa a disfrutar de un suculento y variado menú, con varias entradas, guisados y postres. Además de un rico sorbo de rompope para los niños.

Cuando crecimos y empezamos a comprender más la riqueza de la comida, disfrutamos  un poco más (y digo un poco, porque mi tía se murió antes de que pudiéramos comprender la riqueza de su comida) la comida que nos hacían con tanto cariño.

Hoy en día, me veo en la obligación de cocinar para una familia de 8 personas. Todos los días debo pensar en desayuno, comida, cena y un lunch; ya sea para comer en casa o en la escuela. Para colmo, me casé con alguien que no sólo disfruta inmensamente de la comida sino que viene de una familia con unos papás que aman la cocina y no sólo eso, sino que fueron dueños de un restaurante, así que pensar en qué cocinar y cómo, es un problema con el que debo lidiar cada día. Me atormenta siempre.

Para mi sorpresa, en mi terquedad por complacer el paladar de mi esposo, aprendí a hacer varios platillos con bastante bueno gusto, elogiados por mis suegros y su familia, pero jamás me atreví a incursionar en el mundo de la repostería, entre otras cosas porque cuando nos mudamos el horno que había en la cocina ya estaba viejo y olía a ratón y muchas veces encontramos a ratones viviendo ahí (si, bastante desagradable). Los ratones ya habían sacado la fibra de vidrio y el horno ya nunca alcanzaba la temperatura  indicada para ningún platillo.

Un día llegó mi esposo con un horno eléctrico, uno pequeño, y me dijo que podía probar ahí nuevas cosas, (yo ya me sentía algo limitada porque muchas recetas pueden hacerse en horno y quería probar) Así que empecé a incursionar en ese nuevo mundo.

Debo decir que aún no me siento cómoda en la cocina, pero poco a poco voy encontrando alguna cosa que me da ilusión y tengo la gran bendición ( o maldición) de que mis niños les encanta la comida y la disfrutan.

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