Estoy a punto de recibir a mi sexto hijo, estoy muy nerviosa, aunque pareciera que uno es “experto” en estas situaciones,la verdad es que genera cierta angustia. Todos los partos son diferentes, se caracterizan por la situación que está viviendo la mamá en ese momento y tienen que ver mucho con las emociones, el cansancio y todo lo que puede haber al rededor del nacimiento de un bebé.

Creo que todas las mamás nos ponemos ansiosas cuando se acerca el momento de dar a luz y conocer a ese nuevo ser que llevamos en el vientre durante 9 meses. Esta es la historia de las experiencias de mis partos. La escribo para recordar cómo me ha ido en cada uno y también para liberar un poco de ansiedad y estrés al no saber qué me espera con este nuevo bebé.

Mi primer embarazo fue muy tranquilo, nos casamos con la esperanza de pronto encargar familia porque teníamos la idea e ilusión de ser una familia numerosa. Cuatro meses después de la boda, llegó la gran noticia de que íbamos a ser papás, éramos los primeros de nuestras respectivas familias en casarnos, así que todos estaban muy ilusionados porque los convertiríamos en abuelos y tíos por primera vez.

No quisimos saber el sexo del bebé, en parte porque era emocionante la sorpresa y también porque a veces yo sentía presión sobre si sería niño o niña, cosa que de todas maneras no se podía elegir, pero siempre hay alguien que se pone a opinar “qué sería lo mejor” yo creo que el único que sabe eso es Dios.

Ese embarazo fue muy tranquilo en el aspecto de que no había otros bebés que cuidar y como me dedicaba a la casa disfruté muchísimo tiempo para descansar y arreglar todo para el nuevo bebé. Recuerdo que trataba de asistir a misa lo más seguido posible entre semana y de tener siempre mi casa limpia y ordenada. También me sentía muy muy cansada y como en realidad no había nadie que necesitara mi atención podía dormir horas y horas plácidamente.

No sé si fue por dormir en exceso, las hormonas del embarazo o no tomar demasiada agua por lo que al final de la gestación yo había subido 17 kilos (es demasiado para mi cuerpo, siempre he pesado 44 kg y pesar ese número de kilos realmente me fatigaba demasiado), pero no importaba tanto el peso, sino que me hinché como una bola. No me cabía ningún zapato y mi rostro parecía el de un cerdito. La ropa de embarazada que ocupé al final era la más grande que pude encontrar en las tiendas y no era solamente porque estaba hinchada sino también porque mi panza era enooorme. Me empezaron a doler las articulaciones y no podía ni caminar.

Para esperar a que naciera el bebé, mi esposo y yo nos instalamos en la casa de mis papás que estaba del otro lado de la ciudad y ahí estuve tratando de descansar (ya no se puede ni eso, es demasiado el malestar, sobre todo por mis dimensiones).

embarazada

Pues un 8 de Enero en la madrugada empecé a sentir unos cólicos muy fuertes y cuando fui al baño había expulsado ya el tapón mucoso, cuando lo vi, supuse que por fin había llegado el momento tan esperado (y que bueno porque ya mi cuerpo estaba sufriendo mucho). Le hablé inmediatamente a mi doctor, obviamente lo desperté, y me dijo que tuviera paciencia porque apenas empezaba el trabajo de parto, y las cosas no eran tan rápidas como yo creía. Me pidió que estuviera monitoreando las contracciones y a las 5 de la tarde le volviera a marcar (si no tenía contracciones regulares cada cinco minutos o se me rompía la fuente todavía no era momento de ir al hospital). Pasé todo ese día respirando, y tratando de relajarme, pero a decir verdad no recuerdo muy bien esa parte, lo que si es que seguro que no caminé, porque ya no podía hacerlo, el dolor de las articulaciones era fortísimo.

Por fin marqué a las cinco de la tarde y mi doctor me recomendó me fuera al hospital. Ya estaba emocionada y también cansada. Llegué y me hicieron llenar papeles…a veces no comprendo esos procedimientos, uno muriendo de dolor y los otros diciendo: aquí una firma por favor.

Me pesaron, me pidieron que me cambiara con unas de esas batas horribles de hospital, me tomaron la temperatura y la presión, todo estaba bien. Un médico de guardia me revisó y parecía que no había dilatado demasiado, apenas 3 cm. De todas formas le marcaron a mi doctor y me subieron en silla de ruedas a la sala de labor. (Más tarde me enteré de que en ese hospital hacía varios años que nadie veía un parto, era común hacer puras cesáreas programadas…qué horror).

Vino la parte horrible a la que uno no sabe qué esperar, era mi primer parto, mi primer embarazo, mi primer bebé y casi mi primera estancia en un hospital, estaba muerta de miedo. Mi esposo estaba al lado de mí en todo momento, pero también estaba aterrado.

Como rutina y sin preguntar me pusieron suero y luego mi médico decidió que iba muy lento el proceso y podría apurarlo con la oxitocina. Yo no entendía bien ni qué pasaba y estaba tan cansada y adolorida que no tuve suficiente cabeza para pensar. Después me preguntaron que si quería la epidural y yo claro que dije que sí (cuando te aceleran las contracciones con oxitocina ya el dolor no es lo “natural” que soporta tu cuerpo).

Fue una experiencia horrible, primero firmamos miles de papeles donde decía que había posibilidades de quedar paralítico, con un tipo de retraso mental o incluso podía llegar a la muerte. Luego me pidieron que me pusiera en posición fetal y que iba a sentir un piquete en medio de la espalda y de ahí pasó un tiempo y me empezaron a poner anestesia. Sentí una mejoría en el malestar en general y pude descansar un poco.

Tiempo después me rompieron la fuente, dilaté los últimos centímetros, me pasaron a quirófano y por fin nació, mi primera niña.

Luego estuve un tiempo en recuperación de la anestesia y después de unas horas estaba ya en mi cuarto y no vi a mi bebé hasta el día siguiente 😦 no pude dormir.

Continuará…

 

 

 

 

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