Este año tocó que se casaran dos de mis hermanos, de una manera muy rápida y sorpresiva. Mi hermana más chica estaba desilusionada porque no encontraba alguien con quién formar una familia y seguir esa vocación, ya se había dado por vencida y estaba buscando en dónde podía ser útil para estar al servicio de Dios. Un día encontró por fin a esa persona con la que te sientes realmente bien y que además de gustos a fin, los dos tenían esa inquietud de búsqueda incesante del amor de Dios y tenían a Dios en el centro de sus vidas y eso y otros detalles fue lo que los flechó. Así que construyeron un noviazgo y se casaron al poco tiempo.

Mi hermano en cambio, no sé nada de su historia, un día apareció de la nada y dijo que se iba a casar con una chica de Helsinki que conocimos alguna vez en una cena familiar. La boda será mixta (ella profesa otra fe) en una iglesia católica en Mérida Yucatán. No podré asistir por el tiempo de embarazo que tengo. A los dos les deseo lo mejor, y eso es que luchen y luchen todos los días por su matrimonio, que se esfuercen y amen al otro con todo su ser y que nunca descuiden su amor y su relación con Dios.