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El 12 de Noviembre de 2015 mi esposo y yo cumplimos 10 años de casados. Para festejarlo estuve planeando cuidadosamente cada detalle, estaba segura que mi esposo ni siquiera se iba a acordar del aniversario porque ha estado con miles de problemas de la empresa, estamos en el peor año y casi a punto de quebrar…deudas por todos lados.

Hace diez años la fotografía digital no era tan popular y los “fotógrafos de verdad” tomaban aún las buenas fotografías con las cámaras clásicas de rollo por lo que las fotos especiales de mi boda las había tomado una fotógrafa a la antigua y jamás nos entregó los negativos, así que lo único que tenía eran las fotos de la sesión de estudio impresas, así que se me ocurrió digitalizarlas. Mi primera idea fue tomar foto de las fotos y una de mis hermanas después me sugirió mejor escanearlas. La verdad fue mucho más rápido pero al resolución dejaba mucho que desear, sobre todo para las resoluciones que se manejan en dispositivos como IPad. Así que continué con mi idea, tomando fotos y editando en Photoshop, no quiero presumir, pero me quedaron increíbles y estoy muy contenta con el resultado. Fue cansado y laborioso y de mucha paciencia, primero a nivel fotografía, encontrar la mejor luz, etc. y después hacer una buena post-producción.

Cuando terminé la primera parte de la sorpresa, me dediqué a editar un pequeño “remake” del video original de nuestra boda, para poder verlo juntos en la mañana, antes de que se despertara todo mundo. Mi idea era que abriera los ojos y en ese momento se despertara con los recuerdos de la boda. Esto me costó muchísimo trabajo porque hace años que no editaba y por lo mismo ya no tenía ni idea de los formatos nuevos, fue un dolor de cabeza lograr guardar mi video para pasarlo a un IPad pero al final lo logré, tal vez no tan bien como me hubiera gustado, pero nunca tenía demasiado tiempo.

Por último la carta (que no puede faltar, ya es tradición) con papel y plumas especiales (de esas que se remojan en tinta) y la gran sorpresa final: tres días y  dos noches en un hotel de lujo para relajarnos, platicar y sobre todo dormir, jaja, porque con todos nuestros hijos eso ha sido algo prácticamente imposible.

rio japonés

Gracias a la ayuda de mis papás pudimos ir y amablemente nos cuidaron a los niños para que tuviéramos estos momentos de paz en un lugar mágico.

Agradezco a Dios infinitamente estos diez años de matrimonio, donde hemos tenido alegrías, tristezas, comprensión, paciencia, pero sobre todo mucha mucha felicidad y muchas más sonrisas y amor. Soy muy muy feliz de tener a mi lado una persona tan maravillosa como mi esposo que todos los días busca como hacerme más y más feliz y mejor persona.