Forrar libros, cuadernos y conseguir uniformes y material no me es nada fácil. Sin nadie que cuide de los pequeños y con mi esposo trabajando es casi imposible poder salir y lograr todo a tiempo. Mi mamá (que no vive en el mismo Estado) me ayudó a conseguir el material y me lo trajo hasta acá, realmente no sé qué habría sido de mí sin ella.

Mi esposo hizo lo que pudo, se dio  tiempo fuera del trabajo para ser niñero o para acompañarme con todos los niños cuando fue necesario (como por ejemplo a comprar zapatos).

Por fin entraron a la escuela y comenzó la pesadilla de un año más; levantarse temprano, preparar el lunch, corretear a todos, hacer el desayuno y dejarlos en la escuela y luego pasar toda la tarde haciendo tareas y yendo a las juntas de todos los grupos para conocer a las nuevas maestras y sus ideas tan diferentes de llevar el programa del año escolar. En una palabra: AGOTADOR.

Encima de todo regresé con mi problema de muelas, que siempre empeora durante el embarazo y es cuando me acuerdo de que lo he dejado por años, y que el dolor es insoportable sumando la molestia de que se me tape y destape el oído cada vez que respiro. No tener ganas de comer y querer estar acostada todo el día.

Total que por fin me decidí, y fui a sacarme la radiografía panorámica (con todas las precauciones por el embarazo) y en esos días también me hice los análisis correspondientes a los chequeos de la gestación (mi bebé está hermoso y sano y aunque tan pequeño- 16 semanas- ya siento sus pataditas :)) y fuí a consultar a mi dentista con la radiografía panorámica, que no quiso decirme mucho más que: “Consulta a un cirujano maxilo facial” y me recomendó a dos. Decidí ir por el primero de la lista.

Llegué a un lugar que parecía casa-consultorio, el lugar se veía solitario y viejo y había papeles por todos lados (si, parecía película de terror) no había secretaria, tenía varios lugares para checar pacientes (se ve que en otra época trabajaban más doctores ahí) pero todo estaba desordenado y esos lugares llenos de papeles. Pasamos a la silla especial, me revisó y vio mi radiografía, me hizo algunas preguntas de antecedentes de mi dolor etc. Al final me dijo, miré le voy a explicar:

Lo que tiene aquí es un tumor y si no se opera rápido perderá la mandíbula, los nervios. Tendré que operar con anestesia general y retirar 4 terceros molares, dos enquistados y los demás atorados . Muy grave el asunto, si quiere venga en la tarde con sus familiares más cercanos y su esposo para que les explique.

Pues le dije que no se iba a poder porque estaba embarazada, pero me dijo que no importaba, que el riesgo se podía correr por la gravedad y que necesitaba hablar con mi ginecólogo y explicarle mi caso. Sacó una hoja y comenzó a escribir en un máquina vieja, yo no sabía qué hacer, y mientras lo escuchaba teclear ya mi mente había volado a mil pensamientos. Ya no quise preguntar nada y mientras escribía me dijo:ah y necesitaremos un patólogo el día de la operación para que nos diga si es un tumor maligno, y siguió escribiendo. Al terminar, me pidió mis datos y me dijo que regresara lo más pronto posible.

Salí de ahí con los papeles en la mano, caminé hasta mi coche, entré y me puse a llorar, le mandé un mensaje a mi esposo de que era grave y quería hablar con él. Manejé hasta su trabajo tratando de calmarme pero me sentía demasiado ansiosa, recé y le pedí a Dios que me ayudara.

Cuando llegué mi esposo estaba esperándome afuera, nos subimos al coche y mientras él manejaba le conté lo que me dijo el doctor, creo que se puso helado y empezó a echarse la culpa de que no me había cuidado bien y de que no me había llevado al doctor cuando ya sabíamos que ese dolor lo tenía desde que nos casamos y luego el silencio. Llegamos a la casa y me pidió que me calmara y que le mandáramos los estudios a mi ginecólogo (que afortunadamente es oncólogo) y esperábamos a ver su respuesta. Fue una espera difícil.

Me abrazó y me dijo que yo era lo más importante en este mundo para él y que estaba ahí para apoyarme en todo. Luego tuvimos que ir por los niños y creo que no parábamos de mirarnos a los ojos con cariño y preocupación.

Por la tarde habló mi ginecólogo y me dijo: perdón, pero yo no veo nada de emergencia. Puedes tener un quiste, pero eso es muy diferente a tener un tumor y tu embarazo está perfecto, no sería para nada recomendable arriesgar al bebé. Yo aunque no soy dentista veo unas piezas que podrían a lo mejor retirar con anestesia local para mejorar el malestar. Pide una segunda opinión.

Mi esposo también había hablado con el dentista que nos recomendó al maxilofacial y también se espantó y preocupó bastante con el diagnóstico  así que nos consiguió otro cirujano, que nos esperó al final de sus consultas y nos atendió con toda paz y calma. Nos explicó que efectivamente tengo un quiste, pero que no es muy grande, al revisarme y palparme no se alcanza a notar ningún bulto, no se ven extrañas las encías ni otros síntomas, lo que si vió es que mis terceros molares nacieron justo en el límite de la quijada y eso está provocando inflamación y dolor por un desplazamiento, más las tensiones que tengo en la noche en donde muerdo la quijada sin darme cuenta. El quiste es algo de cuidado y se tiene que retirar, pero según su opinión no es de emergencia, se puede esperar tranquilamente a que termine el embarazo y me recupere del parto para poder planear esa cirugía.

En resumen, me podré sacar las muelas que me lastiman tanto, tener a mi bebé con tranquilidad y arreglarme ya de una vez por todas el problema que tengo una vez que nazca mi pequeño…

Uff si, esta semana ha sido muy dura…y aumentar que la empresa está en crisis porque no hemos tenido ventas…en fin, a rezar y trabajar que Dios no nos abandona.

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