Querido papá:

No puedo quitarme de la cabeza el tono en el que fue escrito tu correo. No entiendo aún si fue un gesto cariñoso o un gesto totalmente ridículo.  Perdón, pero no comprendo cómo puedo no preocuparme por una de las decisiones más importantes de la vida.

Como tú,  creo, confío y amo a Dios con todo mi corazón y creo que es lo más importante en mi vida, pero también me queda claro que todo por lo que vale la pena vivir se tiene que luchar, si bien Dios, nos regala o da algunas pruebas de su gran amor, no podemos dejar en estas señales todo nuestro futuro. Según recuerdo uno de los grandes santos decía: ora como si todo dependiera de Dios y trabaja como si todo dependiera de tí.

El noviazgo del que hemos sido testigos ha sido sin duda tan corto, que por simple lógica, los novios no pueden conocerse bien. Puede ser que llevaran algún tiempo siendo amigos, pero aún así, esa etapa de preparación para el matrimonio es básica para consolidar las bases de lo que será la vida futura de los esposos. No es solamente un tiempo en el que se decide si “me quiero casar con esa persona o no” también es un tiempo en el que se trabaja en pareja para acoplar, limar, entender y amar al otro lo más profundamente posible antes de entregarse completamente y comenzar a construir una vida juntos.

En la etapa del noviazgo también se conoce al otro en su ambiente familiar, social, su comportamiento en las circunstancias normales de la vida, y mediante la comunicación, el compromiso y el amor, se va descubriendo a esa persona en su verdadero yo.

Perdón, pero en dos meses, por mucho que platiquen, es imposible llegar al nivel de profundidad mínimo para comenzar a tocar temas más delicados y profundos, por el simple hecho de que hasta en el noviazgo más serio el tiempo también juega un papel importante. Poner una fecha relativamente cercana para la boda, sin tomar en cuenta todo esto, es peligroso porque puede hacer que los novios se distraigan del tema principal y es muy fácil emocionarse con los preparativos del evento y dejar a un lado el fondo que es lo que realmente va a construir su vida futura.

El noviazgo es ese TIEMPO importante en el que todavía no se asumen las responsabilidades de una vida juntos y una futura familia y por lo mismo pueden, con toda paz, dedicarse enteramente a conocerse. Acortar el tiempo los llevará a resolver las cosas pendientes ya en el remolino de la vida diaria, cosa que será mucho más difícil. Por eso no me explico cómo ustedes con años de experiencia, no pueden ver con lógica, que esa decisión tiene que llevar a todos a una reflexión más profunda. Entiendo que la decisión que ellos tomaron es completamente suya;  pero escuchar los consejos y las preocupaciones de padres y hermanos no es absolutamente innecesario, sino todo lo contrario, tanto ustedes como nosotros hemos pasado por esa experiencia y sabemos de sobra todo lo que implica el matrimonio, y si somos felices es porque hemos luchado por eso y no porque ha llegado por arte de magia. ¿Por qué no compartir con ellos nuestras vivencias, experiencias y opiniones? ¿no con eso se enriquece la relación?, o ¿porqué tenemos miedo a cuestionar y profundizar? El ser cuestionados en nuestras decisiones siempre será enriquecedor, porque retará nuestra inteligencia y nos ayudará a estar seguros de lo que estamos haciendo.

Por último, agradezco tu dedicatoria cariñosa, pero francamente leer una carta de un papá a una hija en estos términos me parece que no toma en serio ni mi madurez,  ni mi capacidad de reflexión y mucho menos mi experiencia (Sin tratar de ser orgullosa o soberbia). Tú puedes estar seguro de que las cosas estarán bien, pero tú no eres yo y tengo derecho a mis propias opiniones, también tengo algo que pensar y qué decir. Puedo escuchar tu punto de vista, pero eso no va a hacer que yo no tenga el mío y mucho menos me va a impedir que pueda platicar a fondo con la interesada. Te quiero y te respeto, pero esperaría lo mismo de ti hacia mí.

Tu hija.