Para ser sincera me siento súper orgullosa de mi familia, creo que el tener la valentía de ser una familia “grande” en estas épocas tiene sus ventajas y por supuesto sus dificultades. Mis hijos están creciendo con mucho amor y diversión… ah pero a veces cómo es difícil; controlarlos, enseñarles a cada uno cosas diferentes y de acuerdo a su edad, tratar de evitar accidentes, tener la casa limpia y ordenada…a veces no es nada fácil.

Hoy preparando los uniformes para todos, me agobié un poco de ver que algunos ya están rotos y no he podido reemplazarlos y también un poco que a veces no tengo suficiente orden, bueno de esas veces que estás reflexionando y pensando cómo hacer para mejorar y resolver cuando de pronto un grito…salí corriendo y la bebé se había sentado en la orilla de la fuente del jardín (¡cómo es esa fuente tan peligrosa para los niños, me ha dado y me dará mil dolores de cabeza!) y se había caído al fondo (gracias a Dios estaba vacía) pero la pobre tenía un chichón horrible en la cabeza- cerca de la nuca- y entre el nervio, ponerle hielo y marcarle al doctor, los otros niños jugaban y se reían alrededor de mí, llegó un momento en el que me desesperé de verdad y los mandé a todos a su cuarto. Luego la más grande me preguntó que porqué les había gritado y ya más calmada me dí cuenta que entre la preocupación y los gritos nunca les expliqué que estaba muy preocupada y que tenían tanto escándalo que no podía ni pensar… ay que difícil es ser mamá…me siento un poco triste hoy.

 

 

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