Ya estoy en la semana 35 de embarazo. Me hinché un poco y me siento más cansada. Ya me empiezan a dolor las articulaciones. Quiere decir que los últimos achaques que anuncian el nacimiento del bebé están comenzando.

En mi casa aún tengo algunos pendientes de las escuelas de mis hijos y cerca de casa de mi mamá, donde tendré al bebé, aún tengo carias cosas qué hacer. Como por ejemplo terminar con las compras del bebé que me piden en el hospital, checar la entrada del hospital y hacer el último ultrasonido.

Mis hijos han estado muy bien en las vacaciones, la semana pasada nació una nueva prima y han visto más seguido a su primo. Me gustaría hacer más actividades con mis hijos pero el cansancio no me ha dejado. A veces me tengo que acostar un poco y cuando lo hago me quedo dormida. También tengo que tomar fuerzas para las cosas más duras que tengo que hacer, como lavar la ropa, la comida y bañar a mis niños por las noches.

Los quiero mucho, me han ayudado bastante en la casa, se levantan a hacer su cama, cambiarse y recoger el cuarto y eso es una gran ayuda.

En cuanto a peleas a veces son muy seguidas, pero gracias a Dios, logran ponerse de acuerdo y seguir jugando juntos.

En Enero hicimos un viaje a San Luis Potosí, donde tengo dos tías religiosas de la Cruz, que son religiosas de claustro. Cuando fuimos realmente me impresionó la paz con la que te miran, sus rostros llenos de juventud (a pesar de que las dos tienen más de 80 años) y la lucidez de su mente. La profundidad de amor a Dios que han logrado alcanzar en sus vidas. Es una paz muy grande verlas totalmente en manos de Dios confiadas a su designio y amándolo con todo su ser.

Cuando fuimos allá acabábamos de enterarnos del nuevo embarazo y obviamente aún no habíamos dado la noticia. Estábamos pasando por una situación económica difícil y las interrogantes para el futuro eran grandes. Pero como siempre Dios te va llevando de la mano aunque sea por caminos duros de recorrer y sientes siempre su aliento de paz ante la tribulación.

Una de las tías monjitas me invitó a pedirle a Dios las necesidades concretas que tenía, a través de la intercesión de San José: “escribe una carta de tus necesidades precisas y la fecha en las que las necesitas”

Dios siempre ha sido maravilloso conmigo y cuánto le he pedido me lo ha concedido, y realmente soy muy afortunada por eso. A través de la oración siempre he sentido esa cercanía y fuerza, aun en momentos muy duros.

Entonces escribí mi carta para que San José me ayudara a pedir a Dios por las necesidades puntuales de la familia. Lo que más urgía eran tres cosas, así que fue eso fue lo que escribí en la carta: Construir un tercer cuarto en la casa (sólo teníamos dos y en uno dormían tres niños y en el otro nosotros con Elisa, pensábamos que sería bueno tener uno más para las niñas y el otro que quedara para los niños), comprar una camioneta para poder movernos (ya siendo 6 y todos pequeños cabíamos apretados en el coche, pero ya con uno más iba a estar muy difícil) y por último poder pagar los gastos del parto y del nuevo bebé. Tres cosas que por ese entonces estábamos bastante lejos de poder lograr. La fecha que puse fue que en Agosto debíamos tener esas tres cosas resueltas ya que el nuevo bebé está programado para finales de ese mes.

Lo primero que se resolvió fue lo del cuarto, un día nos decidimos a apretar un poco más la casa, sacar nuestra sala (aunque tuviéramos que guardarla por un tiempo) y hacer un cuarto con una pared de madera. El cuarto quedó muy bien y mis hijas por fin se mudaron 🙂 muy padre para todos tener nuestro cuarto cada quién: los papás, los niños y las niñas.

Conforme pasaron los meses la situación económica estaba cada vez más difícil y veíamos muy incierto el poder conseguir para pagar el hospital y bueno, para la camioneta imposible.

Hoy estamos a 30 de Julio y ayer logramos dar el primer pago para la camioneta con lo que ya podemos usarla y tendremos además posibilidad de pagar el parto sin problema. ¿Cómo le hicieron? nos preguntan. Yo diría que con el trabajo arduo y honesto de mi esposo, con la intercesión de San José y con las oraciones de toda la familia, amigos y conocidos y lo más importante: el gran amor y la misericordia de Dios que escuchó nuestras oraciones.