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Amaneció bonito y fresco el día. Mi esposo no había podido dormir bien, así que se levantó a trabajar muy temprano, como a las 4 de la madrugada.

Yo me desperté a las 7 y nos alistamos para cantarle “las mañanitas” a Ferdinand que cumplía tres años.

Todos estuvimos alegres en el día y festejando mucho. Ferdinand estaba contento de sentirse tan especial.

En la tarde teníamos una cita con el dentista, o al menos eso creímos.  Yo iba a llevar a Sarah, mientras que los demás se quedarían en casa de la abuelita, esperando regresar para comer un pastel en honor a Ferdinand.

Llegamos al dentista y nada…nos equivocamos de fecha, así que regresamos rápido.

Elisa había tenido temperatura por al tarde, pero cuando se la medí estaba en 37.5 °c, así que no me preocupé demasiado. Le dí algo para que estuviera controlada.

Una vez que regresamos a la casa, Elisa seguía bastante caliente, pero yo le había dado la medicina hacía poco, asi que no podía darle más.

Todos se acostaron a dormir. Por ahí de las 11 de la noche, Elisa empezó a quejarse, y tenía ya 38.5 °C. Ahí ya podía darle otra dosis de medicamento. Se la dí y la bañé con agua tibia. Se le bajó la fiebre y pudo dormir un poco.

A la 1:00 am la encontré haciendo quejidos y con espasmos. Me preocupé, la saqué de la cuna. Tenía 39.5°C. Estaba rígida, y al mismo tiempo se retorcía al respirar. Me asusté, con ninguno de mis hijos me había pasado algo así.

Lo primero que pensé fue que tal vez se había envenenado (ya saben a esa edad se meten todo a la boca). Pero también podía ser una enfermedad. Fuera lo que fuera ya las cosas estaban fuera de mi control, así que desperté a mi esposo y nos fuimos al hospital. Mi suegra vino a ver a los niños.

Llegamos al hospital a la 1:40 am. Hora de espera de consulta en urgencias: 40 minutos. Estaba desesperaba por la fiebre tan alta. Una amiga tiene a su esposo trabajando en ese hospital y coincidió que estaba de guardia, me dijo que no desesperáramos.

2:10 am Nos atiende una doctora. La niña tenía un cuadro infeccioso de garganta, que se le había pasado al oído y tenía también dificultad para respirar. En la prueba del oxígeno salió muy baja.

Entre esa hora y las 5:25 am  estuve en el hospital. Bañando a Elisa primero, para bajarle la fiebre, y luego en nebulizaciones para estabilizarla. La fiebre bajó y se oxigenó bien. Salímos para la casa a las 5:45 am.

En casa todo tranquilo, los niños listos para despertarse a las 7 am como es su costumbre. Elisa se logró dormir a las 6:20 am. No nos quedó mucho tiempo de descansar, había que empezar un nuevo día y ya habría tiempo para dormir.

Le dí gracias a Dios porque las cosas no fueron complicadas y porque pude llevarla al hospital. Pedí por cada niño hospitalizado que encontré a mi paso y por el dolor y la angustia de los padres, que cansados y doloridos hacían guardia al lado de las camitas de sus hijos.

Recordaré, cada día, al acostarme, una oración por los padres en vela que están en los hospitales cuidando a algún hijo enfermo. ¡Qué angustia sientes cuando tu hijo está en esa condición!

 

 

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