Buenos días.

Hoy me levanté a la misma hora de siempre (6 de la mañana). Tenía muchas cosas que hacer:lavar trastes de la noche anterior que no había terminado, recoger la mesa, limpiarla, hacer el desayuno, doblar ropa, poner la  primera lavadora, preparar el lunch y tener listos los uniformes y si me daba tiempo meterme a bañar. Todo eso antes de las 7.

Se preguntarán porqué no me despierto más temprano y así tengo más tiempo para hacer todo eso. No se puede tan fácil. La noche anterior me levanté cuatro veces: Una por Sara que tenía pesadillas, otra por Ferdinand que no podía respirar por los mocos, otra por Simón que se hizo pipí en la cama y hubo que cambiar sábanas y pijama. Y la última por Elisa que aún despierta de vez en cuando por una leche.

A las 7 en punto despierto a mis hijos para ir a la escuela. Primero con una oración y un beso y después comienza el verdadero trabajo. Tengo que apurarlos, pero como aun son pequeños, uuufff, es un circo perseguirlos para que desayunen sin distraerse. A esa hora no podemos perder ni un minuto.

También tengo que perseguir a mi esposo, que suele olvidarse de desayunar por las prisas de comenzar a trabajar lo más temprano posible (obvio no tan temprano como yo, jaja).

A esa hora tengo que ayudar a que Sara y Simón estén listos para la escuela, con uniforme, boca y dientes lavados y peinados. Ahh a veces descubro que no pusieron los zapatos en su lugar y están tirados por la casa, así que hay que ponerse a encontrarlos lo más rápido posible. También tengo que cambiar pañales de Ferdinand y Elisa y hacer la leche de la mañana.

Ver que mi esposo se bañe lo más rápido posible y todos salir de la casa listos 15 minutos antes de las 8. A las 8 entran a la escuela y al trabajo respectivamente.

Otras veces además de hacer todo eso, me toca llevar a los niños a la escuela, así que me apuro lo doble para estar lista yo también. En esas ocasiones llevo a Ferdinand conmigo, porque no quiere quedarse en casa. En cambio Elisa se queda con su papá, que se atrasó en alguna cosa y le fue imposible salir a tiempo.

Nos bajamos a la escuela al 5 para las 8, cargando mochilas. Nos despedimos en la entrada con un fuerte abrazo:

– ¡Qué Dios te bendiga! y que la pases muy bien, te diviertes y te portas bien. Le digo a cada uno, mientras les doy la bendición.

Luego regreso a casa lo más rápido posible para atender a los chiquitos y ver que mi esposo salga hacia el trabajo.

Cuando se va entonces comienzo a organizar mi día. Empiezo casi siempre por los cuartos; hacer las camas, recoger y sacar la ropa sucia. Mientras tanto checo si la lavadora ya terminó y tengo que salir a colgar la ropa para meter la siguiente tanda. Los niños pequeños me acompañan a colgar y meter más ropa a la lavadora. A veces es difícil porque se quieren ir a otros lados y no puedo cuidarlos y hacer lo de la ropa al mismo tiempo.

Cuando regreso a la casa y termino los cuartos me voy a la cocina a hacer los desayunos que me faltan: el mío, el de Ferdinand y el de Elisa.

Después juego un rato con ellos y luego me toca lavar los trastes del desayuno y preparar todo apra poder hacer la comida.

A las 11 de la mañana toca la hora de la siesta. Si tengo suerte Ferdinand y Elena se duermen 3 horas y es cuando más puedo apurarme con la casa y los pendientes. Pero no siempre es así, la mayoría de las veces Ferdinand decide que “ya está grande para dormir” y entonces quiere jugar conmigo. Así que salimos al jardín a jugar con la pelota o al triciclo y después de un rato me ayuda a cocinar, a limpiar la mesa y otras veces le pongo alguna película que le guste.

A la 1:45 pm llega mi esposo con los niños y yo ya tengo lista la comida. Nos sentamos, rezamos y les. La mayoría de las veces comen bien y rápido, excepto Ferdinand que siempre tengo que batallar con él. Una vez que terminamos tengo que lavar los trastes de la comida. Muchas veces no me da tiempo de lavar trastes y se me juntan para la cena y es cuando empiezo a tener un relajo fatal en la cocina que me atrasa.

Luego sigue un rato de descanso, que en mí se traduce en cuidar a los pequeños y ver un rato cómo juegan. La verdad es que tomo fuerzas para hacer la tarea porque Simón es muy difícil para eso.

La tarea es a las 4. La hacemos lo más rápido y mejor posible…a veces es tardado y un poco estresante. Difícil convencer a un niño que haga la tarea bien y bonita cuando te está diciendo todo el tiempo: ” es que estoy cansado”.

Terminando la tarea toca un tiempo de jugar entre todos y de nuevo vuelvo a mis pendientes; cambiar pañales (si se necesita), terminar algún pendiente de la cocina, doblar ropa, acomodar, trapear, etcétera  eso es interminable, siempre hay algo qué hacer.

Muchas veces me doy un rato de descanso en la computadora, otras leo un libro, y otras más me pongo a hacer alguna cosa manual que me gusta (como escribir una carta, hacer un dibujo, etc.) Aunque siempre me veo interrumpida por pequeñas riñas, o por pláticas alegres de mis hijos.

A las 6 en punto comienzan los baños y mientras tanto les dejo ver una película o caricatura que ellos escojan. Unas veces se ponen de acuerdo para ver una, otras veces tengo que intervenir y convencer a uno que ceda y otras veces ellos mismos se turnan para elegir.

A las 7 ya todos bañados, me pongo a hacer la cena y viene la parte más difícil del día: que cenen. No sé si es porque estoy cansada, pero la cena siempre es conflictiva, porque no cenan rápido, se ponen a jugar, muchas veces por falta de cuidado tiran la leche y a veces pierdo la paciencia.

Al final, cuando terminan van en fila a lavarse los dientes y la boca y se acuestan en sus camas. Si es temprano entonces les cuento un cuento después de rezar, pero si es  tarde ya nada más rezamos y nos despedimos.

– ¡Buenas noches mamá!

– No se te olvide nuestro beso de las buenas noches.

– Y nuestro abrazo.

– Y no se te olvide que yo soy primero.

-Y yo después.

Cuando termino de despedirme de todos Simón siempre grita: ¡pero de mí no te has despedido y no me diste el abrazo!

Y le digo: si, acuérdate que fuiste el primero y ya es hora de dormir.

-Bueno mamita, que tengas buena noche y que duermas rico y te quiero mucho.

Entonces cierro la puerta y me voy con Elisa y también rezo con ella, le canto y la acuesto a dormir. Me voy rápido para que no llore.

Ahora me toca arreglar la cocina después de la cena, buscar los uniformes, si es que no los tengo listos, hacer la cena de mi esposo y la mía y arreglar todo lo que no me dio tiempo. La mayoría de las veces estoy demasiado cansada , entonces hago lo más que pueda, o lo que es necesario, como las cenas, lavar algunos trastes, guardar la comida.

Al fin  toca tiempo especial con mi esposo, platicamos y cenamos juntos y después casi siempre vemos una película, aunque si estamos demasiado cansados preferimos platicar e irnos a dormir temprano. Al día siguiente tenemos que madrugar.

Otras veces después de acostar a los niños tengo que salir a comprar la comida que me falta y eso suele ser lo más cansado de todo.

A veces dejo pendientes por el tiempo, como por ejemplo una lavadora con ropa ya lista para colgar y se me olvidó completamente. A veces olvido apagar el calentador y toda la noche se prende, otras veces no puedo terminar de lavar los trastes, o no encuentro los uniformes.

También me queda ropa que doblar, pares de calcetines incompletos, juguetes tirados, la mesa sin recoger. Eso no me gusta porque al día siguiente se me junta el trabajo y las cosas cada vez se atrasan y atrasan más, así que se suma la ropa que doblar y lavar, los trastes sucios, el tiradero de la cocina, etc.

El trabajo de la casa es interminable y aun cuando hiciera todo lo posible para tener perfectamente arreglado terminaría por ensuciarse de nuevo.

Mis hijos son más importantes y tengo que ponerles atención, aún cuando implique tener un desorden.  He pensado poner un letrero grande en mi puerta para las visitas: Casa fuera de servicio, mamá en plena crianza. Favor de no visitar. Si lo hace, avise con varios días de anticipación, no hay lugar ni para sentarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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