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Mañana es un día especial…Creo que conforme he ido creciendo se me han quitado las ganas de festejar mi cumpleaños…el tiempo pasa cada vez más rápido.

Esta semana pensando detenidamente que estoy a punto de cumplir treinta años, miré hacia el pasado, hacia lo que ha sido mi vida. Me marca mucho lo que he vivido recientemente, que son los años de casada y los preciosos años de mis hijos. Realmente  me ha obsesionado cómo a través de ellos ha cambiado en mi el pensamiento o la perspectiva que tenía de la edad.

Cuando era niña, realmente me interesaba cumplir años, veía como podía aumentar mis habilidades, o cómo crecía en estatura y alcanzaba cada vez más cosas, o cómo iba dejando los zapatos y la ropa. Pero ahora, que ya no hay nada de eso, crecer realmente toma un significado diferente y más profundo.

Ahora veo a mis hijos, y me siento como si estuviera frente  a la llave del agua abierta, dejándola correr por mis manos. Es prácticamente imposible detenerla. Así siento que han pasado los años de mis hijos.

Siento que tengo que aprovechar cada segundo que tengo juntos a ellos, cada palabra, cada sonrisa, cada gesto, cada caricia,  incluso los llantos y los berrinches y hasta las veces en las que me siento tan cansada y agotada que quisiera estar lejos, hasta esas veces, hay dentro de mí esa angustia por disfrutar cada instante.

Cuando veo las fotografías y videos del momento en que nacieron y cómo han crecido y cambiado, me maravillo. Me pongo a pensar que un bebé en un año pasa de estar completamente indefenso, a un bebé que se expresa de diferentes maneras, que se desplaza de un lugar a otro gateando o caminando, que es capaz de coordinar su mano y su boca para alimentarse, capaz de comunicarte lo que quiere o necesita… todo eso, en tan solo un año.

Ahora que cumplo un año más, también ellos, también crecen, cambian…

Le doy gracias a Dios, porque he tenido inmensas alegrías. Ellos me han dado una felicidad tan grande y hermosa que no puedo encontrar las palabras para describir cómo me siento. Creo que solamente una mamá que ha visto reír a su bebé -de esa forma tan especial que sólo los bebés poseen- puede entender el sentimiento que yo experimento todos los días cuando estoy junto a mis hijos.

Mañana entonces daré el gran paso de los años veinte a los años treinta. El balance ha sido altamente positivo y feliz. Agradezco a Dios por tener el esposo que tengo, lo amo con toda mi alma, es para mí un gran apoyo y una gran persona, lo admiro y creo que somos un gran equipo y me da mucha felicidad que estemos en este camino de la vida juntos, luchando por llegar a nuestra meta, que es Dios.

Agradezco también por cada uno de mis hijos, cada uno tan especial, tan distinto, enriquecen con su personalidad la vida de nuestra familia.

Gracias también por el amor de mis padres y hermanos, de mis abuelos, tíos y primos. Soy afortunada al tener a mis papás y abuelos aún aquí conmigo, compartiendo también la felicidad que llevo dentro.

Amigos, tan pocos, tan contadísimos, pero tan valiosos que Dios me dio, también agradezco todo lo que han sido y son para mí, por su apoyo incondicional y sus consejos.

En fin, me voy a dormir con sentimientos encontrados: felicidad, nostalgia, angustia y agradecimiento: ¡buenas noches veintes, bienvenidos treintas!