Parece que enfermarse es el deporte número uno que practicamos en esta familia. Y esta enfermedad si ha sido muy dura y cansada para todos, sobre todo para los niños que han estado con inyecciones y sintiéndose muy mal.

Pero ya cuando comienzan a sentirse un poco mejor y vuelves a ver sus sonrisas y travesuras es cuando regresas a la calma y tranquilidad relativas, jaja.

Todas las mamás pasamos por eso, apenas pisan una escuela, y se empiezan a enfermar. Me recuerda a mi vida cuando era niña, a veces las enfermedades resultaban divertidas, te sentías mal por unos días, pero estabas en tu casa, descansando, viendo la tele y tu mamá consintiéndote todo el tiempo. Me acuerdo como si fuera ayer cuando iba al doctor y escuchaba: bueno, tendrá que tomar unos días de reposo y yo preguntaba para aclarar el punto: ¿entonces no podré ir a la escuela? sonreía de satisfacción para mis adentros.

Debo recordar eso cuando tengo a mis hijos en casa, lo mucho que disfrutan estar aquí con su mamá, aunque a veces suela ser agotador, por todo lo que implica cuidar a un enfermo. Aprovechar, disfrutar cada momento, cuando uno ve hacia atrás ya sólo quedan los recuerdos, la vida pasa y el tiempo es muy valioso, nada de lo que hagamos nos lo puede devolver.