Ayer por la tarde mi esposo me avisó que de la oficina iba a pasar a ver a un cliente.  Este cliente es una Universidad. Pensé que iba a regresar temprano porque había quedado concluir un trabajo con un amigo de la oficina aquí en la casa. El amigo llegó y estuvo esperando un tiempo, llamamos al celular y nadie contestó, como se hacía tarde el amigo se fue y me quedé esperando preocupada a que llegara mi esposo.

A las 9 de la noche marqué a casa de mis suegros para ver si no sabían algo de él, y me dijeron que no, sabían que iba a ir a la Universidad como yo, aunque si me dieron un detalle importante: había olvidado ahi su celular.

Traté de no preocuparme, pero los minutos pasaban y yo no sabía nada. Estuve rezando para que llegara con bien.  Poco antes de las diez de la noche llegó. He aquí su historia:

La Universidad tenía cerradas sus puertas a los estudiantes, porque aún no reanuda actividades, pero se encontraba trabajando el personal administrativo. Mi esposo tuvo sus juntas y salió tarde, a punto de que se cerrara. Se dió cuenta de que no llevaba su celular y creyó que lo había dejado en una de las oficinas que había visitado, buscó a la persona de mantenimiento que tenía las llaves para que le abriera pero no lo encontró. En un abrir y cerrar de ojos se quedó solo, la persona que le había abierto la oficina se fue y él trató de encontrarla pero en vano.

Cuando quiso salir hacia el estacionamiento se dió cuenta de que estaba cerrada la puerta, entonces recorrió todas las instalaciones en busca de alguien que le pudiera abrir pero ya no quedaba nadie en todo el lugar. Las luces estaban apagadas y mientras más entró la noche menos se veía. Resignado se sentó en un lugar, parecía que no había remedio, iba a tener que pasar ahi la noche. Pensó que si tuviera su teléfono celular podría marcar a alguien para que lo sacara, pero claro si lo hubiera tenido nada de esto hubiera pasado.

Pasó una hora y a través de la oscuridad vió a alguien caminar cerca de dónde él estaba: ¡era el velador! ¡por fin! Y así fue como logró salir y llegar a la casa sano y salvo.

De haber tenido que pasar la noche ahi seguramente me hubiera preocupado muchísimo y claro que habría pensado lo peor. Pero gracias a Dios no pasó de una anécdota chusca.